Vía Cepeda al Urriellu.
31/08/2002

Dificultad: MD inf. (V+)
Longitud: 300 m.
Equipamiento: Varios clavos sobre todo en las reuniones y un spit en el paso clave.
Material: 10 express, algún cordino, juego de fisureros y friends.

Ver croquis de la vía

El día 30 de Agosto del 2002 por la tarde salí para Picos. Había quedado allí con un amigo y su novia para subir alguna vía del "Picu". Al dia siguiente nos encontramos por la mañana y decidimos intentar la "Cepeda". Éste es un extracto de su relato, que publicó en el grupo de noticias es.rec.deportes.aventura. Solo he tomado la parte en la que cuenta la ascensión a dicha vía.

 


Miguel empezó el primer largo.

La verdad es que mayoritariamente los largos son de poca dificultad, así y todo recomiendan prudencia ya que es difícil encontrar donde colocar los cacharros. Empezamos por una llambria con algunos canalizos, no era muy problemático. Metros y metros avanzados sin poner seguro. Bueno, alguno que otro para los momentos más delicados y llegar a la primera reunión. Los primeros largos nos permiten disfrutar bastante. Reuniones bien equipadas dan garantía de seguridad ante cualquier problema eventual. Miguel se divierte, yo también. Llega a la primera reunión en un santiamén, me despido de Elena y comienzo a subir. Poco a poco hasta acabar este largo. Es una vía de fácil trepada pero tiene sus sorpresas.

Iniciando el cuarto largo de la vía.En el tercer largo llegamos a una chimenea que se acaba por resolver casi por fuera, en bavaresa. Miguel tuvo tesón ya que subir con la escasa posibilidad de proteger, es algo que requiere aplomo y mucho tacto. Lo resolvió bien, yo de segundo tuve la oportunidad de pararme a pensarlo y no he de negar que me hubiera costado ir de primero. En todo caso ese paso de relativa dificultad me hacía pensar en las posibles sorpresas que nos pudiéramos encontrar. El mayor problema era a mi parecer aquellas zonas más pisadas y sobadas por la gente. La caliza muy sobada toma un aspecto amorfo y tacto vítreo que le confieren pocas cualidades para el agarre y muchas menos para la adherencia. En fin, seguimos subiendo.

Luego me tocó a mí hacer lo difícil. Llegamos a una zona, a mi entender la más difícil de resolver. Una bavaresa invertida, la parte derecha del cuerpo apoyada en la roca, las manos firmes y brazos estirados. En un momento pensé en la posibilidad de caer. "Respirar y seguir" es la reflexión que me viene en esas situaciones. Sin mucho donde colocar seguros, voy ganando metros hasta que, medio perdido y sin tiempo de ver el mapa, me desplazo a la derecha en un paso de placa. Una repisa, bien. Tan despistado estaba, quizás por la tensión previa, que sólo encontraba un clavo de los dos que había. El cansancio de la pateada, el madrugón y que desde hacía varios días no dormía más de seis horas empezaba a minar mi capacidad de concentración. - Estoy algo cansado. La verdad es que incluso con sueño- le confesé en alguna ocasión a Miguel. Él supo animarme un poco, que si algo de agua, una foto, frutos secos. Poco a poco el cuerpo se restablecía. No había demasiada fatiga pero sí cansancio.

Seguíamos avanzando, de vez en cuando aprovechaba para hablar con Elena, yacía dormida a pie de vía. Religiosamente se colocó el casco, siguiendo nuestras recomendaciones, y se quedaba acurrucada aprovechando esos pocos rayos de sol que de vez en cuando dejaba ver la niebla. Unas veces el Picu se mostraba inmenso, otras la niebla ocultaba éste y las murallas de su alrededor. 

La niebla subia y bajaba

Qué diferencia de perspectiva. Desde abajo se ve grande, qué duda cabe, pero es que desde arriba se ve inmenso. - Veinticinco metros- le advertía a Miguel, que avanzaba imparable. Buscaba dónde colocar la siguiente reunión. Un tramo de poca dificultad y en travesía, nos llevaba a un endiablado diedro. Miguel avanzaba un poco a tientas y es que a veces no es tan fácil hacer lo evidente. Así pasamos de largo el último descuelgue de la línea de rápeles. Eso supone que a partir de ahí, hay que salir por arriba, no vale dar la vuelta. También implica reuniones precarias y eso exige mucha prudencia. El cansancio me impedía estar al cien por cien, los pies se sentían algo molestos con los pies de gato. Esas zapatillas tan ajustadas y con el pie hinchado de la caminata, no eran precisamente un masaje relajante. Miguel había sido más prudente, como buen montañero se llevaba sus pies de gato cómodos y ligeros. Yo, echaba de menos mis ballet. El diedro nos hizo dudar de la reunión que marcaba así que acabamos por salir como pudimos y me quedé yo allí con un clavo oxidado y dos friends montando la reunión. Un paisaje espléndido, pero el temor a caer no me permitía demasiado asueto.

Superando el paso más dificil de la vía, un V+ bastante duro.  Superando el paso más dificil de la vía, un V+ bastante duro.

Miguel me adelantaba ahora y llegaba a la última reunión antes de llegar a la que da al anfiteatro. - Aquí está- Miguel miraba para el paso de mayor dificultad. Era un V+ pero os juro que no de los fáciles. Teniendo en cuenta que llevábamos dos horas largas escalando, que era en autoprotección, sería más justo darle un 6a. Miguel también dudaba de la generosidad de esta graduación. Es un pasaje desplomado, hay que tener buena vista para salir de él. Coloqué la cinta exprés, me agarré a una regleta, el cuerpo se iba hacia atrás, el desplome que no me dejaba mucha comodidad. Acabé por colgar de la cuerda. Miguel me animaba a hacer un intento más. Tiro de nuevo con fuerza y recoloco los pies. - Vamos que ya está- decía Miguel. Y dicho y hecho salí del paso, seguí subiendo un poco más y me colé, como pude, por el agujero que da al anfiteatro. La verdad es que es bastante denigrante el final de ese largo. Después de tanta lucha, de tanta varonilidad y nos vemos los dos arrastrados por aquel agujero. Yo, que tengo la elasticidad de un pretensado, no veáis el numerito que monté para poder entrar. Aunque tuve la suerte de no perder la dignidad, ni Miguel ni nadie me veía. No tuvo él la misma suerte, que después de luchar con tanto ahínco se veía completamente atascado. Una cinta que se engancha y que acaba por tener que soltar.

El anfiteatro sur se muestra en su plenitud. Solete y ni una brizna de hierba. En la línea de rápeles están bajando las últimas cordadas y a nosotros nos quedan un par de largos. Miguel sube yo aseguro y espero. Un par de largos de poca dificultad, de esos de disfrutar de lo lindo, y mucho ambiente nos permiten llegar a la cima Este del naranjo. Vaya, ahora sí que sí. ¡Estaba arriba!

En la cima.

Por fin lo había conseguido, ese sueño dorado que nació en mí cuando era niño. Ahora ya me miraría a mí mismo de otra manera. ¡Ni más ni menos que había subido el Naranjo!. Un apretón de manos, una foto, sonrisas y un ratito para verlo todo. Allí en la cima oeste se silueteaba la entrañable estatuilla de la virgen. Allá abajo todo se hacía pequeño, muy pequeño. Miguel me comentaba si quería ir hasta la otra cima, es una aproximación sencilla, una cresta sobre la que uno literalmente camina sin necesidad de cuerda. -No, creo que no. Estoy cansado, me duelen mucho los pies y además, esa cima la hacemos mañana con Elena. Se lo debo.- Supongo que porque no lo quería así, porque Elena estaba abajo, por el cansancio y el dolor de pies, quizás por que no encontré más que excusa que rapelar. Miguel, que ya había estado (si no a ver quien le frena) acepta y bajamos. En unos pocos rápeles conseguimos llegar abajo. Elena nos traía las botas. Qué alivio es quitarse los pies de gatos después de haberlos llevado tantas horas. La niebla era bastante espesa soplaba norte. Era un viento frío. Tanto que, cuando me di cuenta, estábamos abrigándonos para protegernos de la escarcha que se pegaba a nuestras ropas, cabeza,... Increíble en agosto y yo con la nariz helada.

"Chete": avega@telepolis.com, 4/09/02


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Ultima revisión: 12 de noviembre de 2003 . Miguel A. Pardo: lospicos@igijon.com