Iba yo a empezar a contar cómo fue la historia de la Tertulia: que empezamos a funcionar allá por el mes de febrero del 2000, que fueron muchos los escritores que pasaron por la tertulia, que fueron muchos los libros... Pero como la magia existe, cuando iba a empezar a hacerlo, un mensaje (el primero que llegaba a  la dirección de correo t_arena@igijon.com ) decidió, por mí, cómo contar la historia. Y venía del más allá. Porque la Tertulia Literaria de la Arena, también tiene un fantasmita, que parece, que, de momento, no quiere decir cómo se llama...

 

 

Expediente A (de Arena).

Es hora de presentarme y desvelar la verdad. Soy el espectro que durante años ha habitado en el centro social de la Arena. (Risa fantasmal y espantosa). Lo mejor de mi condición es esta carcajada a lo Vincent Price. En una ocasión vino por aquí una extraña pareja, vestidos de gabardina en pleno agosto y que decían ser del FBI, pretendiendo investigar. Después de oír mi mezcla especial de carcajada y aullido se fueron cagando leches.

Sí, yo soy el responsable de los libros cambiados de sitio en la biblioteca, de las averías en la fotocopiadora o de la pizarra que se cae inexplicablemente. Ha sido divertido. Y ha sido interesante, como la música o la escucha ilusionada de sus textos de las gentes que escriben. Con niños descubriendo cosas nuevas, y otros no tan niños encontrando, quizás, vocaciones literarias.

Pero también hubo algo más que ha llamado mi atención: algo conocido como tertulia literaria. Gente reunida para hablar de ficciones, de fábulas, de sueños. De historias que apuntalan el mundo, la realidad y la vida. Y por tanto, de lecturas, que no iba uno a desaprovechar el vivir prácticamente en una biblioteca. Cuando a uno le dejan tranquilo, aun recuerdo aquella ocasión en que entró en la sala, de madrugada, aquel tío de 200 kilos con una camiseta de Sepultura, mientras estaba leyendo El corazón del tártaro. Y cuando vio el libro levitando... todavía debe estar corriendo.

Pero lo más importante es que han circulado muchas lecturas y muy diferentes. De amor y dignidad en la Galicia de posguerra, de la desesperación de una mujer de provincias francesa, o de la ceguera llena de luz que une a un grupo de personajes. También la de una hermosa asesina colombiana ("Como a Rosario le pegaron un tiro a quemarropa mientras le daban un beso, confundió el dolor del amor con el de la muerte."). Y también hemos conocido a escritores, esa especie humana tan curiosa y variopinta, con acentos en ocasiones ajenos, pero que nos han acabado por parecer muy cercanos. E incluso un escritor gallego, condiciones ambas que unidas en un mismo individuo puede generar fenómenos paranormales.

...Y quedan muchos libros por encontrar y descubrimientos qué hacer y otras personas que comparten la misma pasión por la literatura qué conocer.

 

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