En el IV Salón del Libro Iberoamericano, cinco poetas noveles tuvimos el honor de leer parte de nuestra obra, inédita en todo caso, al lado de tres de ellos ya consagrados, cuyo eco poético resuena de uno a otro continente. Ellos fueron Carmen Yáñez (Chile), Omar Lara (Chile) y José Oliver (Alemania-España)

 

 

CARMEN YÁÑEZ

Nació en Santiago de Chile, en 1.952. En 1.975 es encarcelada por la policía política de Pinochet, de la que consigue huir permaneciendo en la clandestinidad hasta 1.981 en que es exiliada a Suecia bajo la protección de la ONU. Allí publica Cantos del camino, y en años sucesivos publica en revistas suecas y alemanas. Lo hace también en España, y consigue hacerlo en Chile. Recientemente publica en Italia Abitata dalla memoria.

 

Presta, en primer lugar, su voz a un poema de Carlos Liscano, poeta uruguayo que tiene publicados algunos libros: El método y otros juguetes carcelarios, Memorias de la guerra reciente, ¿Estará no más cargada de futuro?

El poema que Carmen Yáñez leyó se titula La casa. Está dividido en cuatro fragmentos, y de él dice  que es el poema que todos quisiéramos escribir:

 

CARLOS LISCANO

 

LA CASA III

 

Pero tiene que haber una casa.

En algún lugar debería haber tres metros

           de tierra

que fueran mi casa.

Un hombre debe tener una casa, una cueva,

            cuatro ramas.

Casa: el lugar del fuego y del amor.

 

Sí algún día llegaré a casa.

No se como será ese día.

No sé si deberé tener libros o plantas,

              hijos o herramientas,

si reuniré a mis amigos o rara vez los

               admitiré a mi mesa.

Sólo sé que encenderé el fuego en la casa

                y la casa será el centro.

Lo demás quedará ordenado, el amor

                 y el sistema solar.

 

 

LA CASA IV

 

No sé si habrá una casa.

No creo que llegue a tener una casa.

Tal vez ni siquiera sea necesario tener casa.

Creo que puedo vivir en esta especie de

           Sedentario nomadismo.

Que puedo llevar conmigo todo lo que tengo.

Quizá yo mismo llegue a ser mi casa.

Y cuando encuentre a los hombres por el

            Camino

y me detenga a conversar con ellos,

cuando les dé mi nombre y me den el suyo

            y bebamos

yo de sus botellas y ellos de la mía,

sabré que ellos entonces están en mi casa

y diré: He llagado, por fin he llegado

             A casa.

 

 

De Carmen Yáñez ya conocíamos su obra Paisaje de Luna fría, leída en la Biblioteca Municipal de la Arena, a pie de estantería, y que luego llevamos a casa para sosegar la sorpresa que nos produjo.

Nos ha sumergido en un verso de transparencias exactas, donde cada palabra ocupa justo su lugar. Escribe sin alharacas, contenida, tirando siempre de una riendas que controla con precisión, con absoluta consciencia. Hay en sus poemas un caudal fecundo, de acequia nunca desbordada, pero que fluye sin detenerse, sin remansarse en inútiles autocomplacencias, buscando el punto en el que confluye con todas las aguas de todas las verdades, al mismo tiempo que deja las riberas enriquecidas de nutrientes. Cada lectura de sus veros nos sorprende como si fueran siempre nuevos. El mismo poema, releído una y otra vez, nunca suena a conocido, tal es la raíz que alimenta sus ramas.

 

RETORNO

 

Voy hacia los panales del pasado

¿es permitido este sabor en la mesa?

¿puede uno hurgar en los sueños,

despacio sin estropear el terciopelo que cubre

el principio de todo, amorosamente,

sin despertar dolores dormidos

y traer sólo las mieles?

Puedo hablar de la vida y de la muerte.

Yo que anduve oliendo el miedo.

Mis amigos, los muertos

tan presentes en este vino compartido,

contra tu risa y mis lágrimas

reconstruyendo el escenario

juntando los pedazos, la copa rota.

Todo lo derramado.

 

 

TANGIBLE

 

Sólo me conmueven

las cosas más cercanas

la sal, la boca, el alimento

el hambre

¡qué feo!

el hambre...

Los desnudos por el mundo

enseñan la verdad del frío.

 

A dios no le alcanza el sol

para deshumedecer los bosques.

¡Qué se puede hacer

sin el prodigio de la llama

y sin vestidos ni espadas

que defiendan

del egoísmo del supremo!

 

Me conmueven

las sombras, los pliegues de la tierra

desde donde comenzó la intimidad

del todo.

La lluvia gentil, los líquenes.

 

Este viento, como perro guardián

cuidando nuestro espacio en la carencia.

 

 

OMAR LARA

 

Nacido en Nueva Imperial (Chile) en 1941, publica su primera obra en 1.964, al que seguirán otros entre esta fecha y 1.999. Poeta de gran prestigio, vivió exiliado en Bucarest, donde tradujo a los más grandes poetas rumanos. De su andadura en el exilio y en Chile de nuevo, nos quedan obras que tienen un lugar propio en la poesía actual de lengua hispana: Jugada maestra, Los buenos días, Fuego de mayo, Vida probable...

 

Omar Lara parece a veces el poeta de las sugerencias, en poemas tan breves como un suspiro, nos deja la sensación de una mano que desaparece diciendo adiós y de la que queda, de forma indeleble, su sombra en la memoria. Lara es austero, parco, pero nunca exiguo. Hay  en sus poemas un sentir de soledad que nunca desespera, retoma siempre la luz. Y esta luz se instala definitiva y rotunda en las sombras: iluminada de sí misma, se nos da toda entera.

 

 

ME ESCRIBEN

 

Me escriben de Portocaliu:

Soyda, mi amigo, casi

mi hermano; Soyda, ya no está.

La ultima vez que lo vieron, me cuentan,

era en la tarde, a la hora en que Soyda

solía sentarse frente a la mar,

de cara al horizonte rojizo, cuando el aire

empezaba a hacerse frío  y en la playa solitaria

aparecían esas huellas caprichosas y misteriosas

que él se empeñaba en descifrar.

 

 

IDENTIDAD

 

Frecuento con obstinada melancolía

el espacio vacío que me hiere;

establezco mis méritos de soledad,

calculo con eficiencia los puntos vulnerables

y, mal que me pese,

a tu menor descuido me encierro en ti,

me huyo.

 

 

 

JOSE OLIVER

 

Hijo de emigrantes españoles en Alemania, nos ha contado versos únicos de los que no hemos podido recuperar casi nada, y de los que no existe nada publicado en España. Sí lo ha hecho en Alemania, en Turquía y en Rusia, con el valor añadido que tiene grabados discos con sus versos que canta con una voz profundamente lírica.

Dice de sí mismo:... Escribo porque toco la sed de las piedras que nos hace derramar al Mundo, sin epitafio y siemprenuevo, rescatando en mi valle la cresta rocosa cuando caen las tardes, la orilla de la cima desnuda de la luz, esa mar de aire que encalla.

Escribo porque palabra tras verbo me agobio de vergüenza y descifro el enigma del alma en pena, donde el hambre pelotea versificando las caras de los niños sinnombres al danzar sus sobras de boca en boca

Y escribo, escribo y escribo porque amo y amo y amo...Amo desmeSURadamente.

 

 

PIENSA QUE YO

TAMBIÉN SOY ROSA.

 

1

 

 

 

ya la rosa

blanca mi lienzo

 

abre el blanco

lienzo ventana

blanca la noche

 

acoge la blanca

noche a mí Mond

 

cual fiebre fría

la luna luego

 

2

 

en ese azul sobrio

la mano en silencio

 

se vierte tranquilo

de labios el par

 

3

 

lunesa fue

tímido rostro oliváceo

soto sedoso

tu pelo

 

4

 

rosa azul

marinera en noche

lunesa hace arrugas

luna al regazo

 

yo entubo aquí

el dolor

 

5

 

peinando los labios

bocas seguimos

y ahora las manos

sendas de pelo

en nuestros limpios

cuerpos sólo

enmustían lunesa y rosa

 

 

A todos ellos, desde esta página, les damos las gracias por compartir con nosotros la PALABARA  y el SILENCIO.

 

Hemos leído los siguientes poetas noveles:

 

Susana Ruiz

Manuel Martínez

Aurora García  Rivas

Mónica García Soto

Armando Vega.

 

 

SUSANA RUIZ   Nacida en Venta de Baños (Palencia), 1.968

 

TE ESPERO

 

Te espero impaciente, deseosa, delirante, a que aparates el velo que cubre

mis deseos.

Te espero impaciente,

mientras te aproximas calladamente a mi silencio llamándote a gritos.

Te espero impaciente a que el hueco que me ahoga, se llene de ti, de tu

hueco al descubierto.

 

 

GOLOSINA

 

Dibujas con tu lengua un círculo alrededor de cada uno de mis pezones,

que se yerguen como queriendo sentirla, pero tú no los tocas.

Mojas mi dedo en tu boca y lo usas contra ellos.

Tus dedos juegan con esa humedad.

Te miro, y es un niño el que juega.

Cierro los ojos que lo que yo quiero sentir es el hombre.

 

 

 

MANUEL MAARTÍNEZ   Nacido en Castrillo de San Pelayo (León), en l.937

 

REVIVIR

 

Me siento revivir cuando me  miras

y tiemblo de emoción cuando me tocas;

se encienden mis pasiones como locas,

cuando cierras los ojos y suspiras.

 

Que enmudezcan las trompas y las liras,

que rompan a llorar hasta las rocas,

que todas las estrellas serían pocas,

para calmar las ansias que me inspiras.

 

No deseo otro cielo ni otra gloria,

que tenerte a mi lado eternamente,

gozando tu presencia cada día.

 

Quiero vivir al borde de tu historia,

en comunión contigo permanente;

porque sin ti, mi amor, nada sería.

 

 

SIN TÍTULO

 

Yo sé que no soy nada y nada he sido,

y dentro de un instante seré nada,

pues tan corta y tan breve es la jornada,

que apenas comenzada ya se ha ido.

 

El sueño de un futuro indefinido,

la ilusión de una vida eternizada,

la irracionalidad más desbordada,

nos hacen ver lo nimio engrandecido.

 

Y así vamos pasando por la vida,

cargados de proyectos imposibles,

como agua del río sin cesar 

 

camina a su destino decidida,

caminamos nosotros impasibles,

como el agua del río, hacia el mar.

 

 

AURORA GARCÍA RIVAS,  Nacida en San Tirso se Abres (Asturias), en l.948.

 

MAYO

 

Mayo se desmaya

En la ceniza gris

De tantas rosas.

 

Ha olvidado

Su propio corazón

Enfermo de tristeza.

 

Agoniza lentamente

bajo un cielo

de oscuras tormentas

 

y al aire acuden

mariposas de la noche

con alas de percal amarillo.

 

En la rosaleda hay

un patético silencio.

 

 

AÚN NECESITO

 

Cada día me resulta

más sencillo vivir.

Poco a poco

me desprendo de casi todo.

 

Mas aún necesito

vuestras voces en los libros

cerrados si ya no puedo abrirlos,

 

el sol que madura el trigo,

algo de luz en mis ojos cansados

 

y un cayado para andar

el penúltimo camino.

 

 

MÓNICA GARCÍA SOTO. Nacida en Gijón, 1.975.

 

EL VIENTO

 

El viento se empeña en llevar lejos

los ecos de mi amado,

hace frío, las nubes se visten de algodón

que escupe humedades tempranas en mis ojos.

Si, lejano...te trae a mi la brisa,

azogadas las manos, te anhelan, amor,

y en vano desdibujan madejas de sombras

en el espacio vacío que te sueña.

 

El viento se empeña en llevar lejos

el brío fulgurante de tus ojos,

y su luz se arrima a mis pupilas

como esa errante estrella

que escarcha la distancia y te trae a mi, lejano

cobijo de ternura.

 

Entonces todo el manto de tul nocturno

abriga esta tiniebla de amor

que sacude y rasga y destierro,

como una noche rendida ante la luna,

yo te amo.

 

Y ante la fuerza del viento lejano

yo te amo.

 

Acaso nacido en la implacable distancia

el susurro de un te quiero se mece entre mis

labios.

 

 

SOL VARADO EN LA BAHÍA

 

Nuestra amistad es un sol varado en la bahía,

un inmenso vergel de rasos vuelos,

un aliento noble de rosas púrpuras,

un fugaz, acaso leve y sutil viento de agosto,

una estrella que tirita de emoción en el cielo.

 

Mira al mar, amigo, y escúchame,

mi voz es el eco del viento, de las olas,

que de bruma adheridas,

te llaman en la distancia

para proclamar la huida

de nuestro sol varado en la bahía.

 

Nuestra amistad amigo,

es un lienzo con forma de ensenada,

pescadores nocturnos y barcos anclados

en el puerto,

gaviotas que bordean el muelle

a la par que en tus ojos desciende

inquebrantable la poesía de este tapiz.

 

En dulce verano, esquivo de rutinas,

Hallé la pura luz de tu sonrisa

alimentando el gozo de las distancias rotas,

nuestra amistad sublime:

este varado sol que abraza la bahía.

 

 

ARMANDO VEGA.  Nacido en Espinaredo, Piloña, (Asturias), en 1.961

 

17-5-01.17,53

 

La conocí hace mucho.

Entonces era pura.

Virgen aún inviolada.

Me rendí al deseo

inagotable de usarla,

de poseerla

y al tiempo compartirla.

Enredada en mi aliento.

Acariciada por mi lengua.

Cómplice en la muerte

prematura en el silencio.

Sólo pido cuando muera

hacerlo vomitando

una palabra.

                    La última.

 

 

17-5-01.o1,24

 

No importan, Pablo,

las noches sin luna

al final de los días.

No, al menos,

mientras en el recuerdo

me permanezca

un solo vestigio

de tu sublime sonrisa.

 

FIRMADO: Aurora García Rivas y Armando Vega.

 

 

 

 

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